15 mayo 2017


BUJEROS                                                                                                    22-IV-2017







                     





   Habiendo quedado

   a una hora llevadera

   en un día soleado
   por el valle del Miera


   Unos humildes espeleos       
   con afán atareado
   adentrándonse sin titubeos
   por un bosque encantado



                                                         
   Entre lapiaces traicioneros
    y árboles caidos
    escudriñaban bujeros

    aún desconocidos


    Con cuerdas y mosquetones

    instalados los anclajes

    nos vemos descubridores

    de los secretos de estos parajes


    Arañitas asustadas
    y topillos huidizos
    ante nuestras pisadas
    bajo peñascos calizos              


     Descubiertas nuevas torcas
     nos hinchan de regocijo
     mostrándonos sus bocas
                                                             
     por las que volveremos de fijo                                                                                                                                                     




Manu



03 mayo 2017

Bajo la Len- febrero del 2017 “Explorador”


    Colgado durante horas del arnés me pregunto por qué estoy aquí, echo un vistazo atrás en el tiempo. Mi vida ha sido larga, he buscado la escapatoria y he encontrado mil respuestas. Al final caigo en que busco la quietud en la oscuridad, el silencio roto por el eco incesante del mosquetón asegurándose y largas horas de camino sobre la cuerda. Mis amigos me dicen que me hice un hombre en el pozón, no es así…  ya lo era pues la experiencia te madura. La adaptación es evidente, he cambiado... mi parte animal lucha por salir.
    



Al entrar la oscuridad se abre paso y las pupilas se dilatan, el movimiento ralentizado asegura cada paso, el corazón debe bajar las pulsaciones mientras los músculos buscan la posición más efectiva, tienen que mover 90 kilos más la carga y no se pueden permitir excesos. Mi tamaño me limita en este espacio.

    El paso de las horas, el paso de los días hacen que te engulla más y más. La deshidratación es muy fuerte aquí abajo, nos adaptamos a beber lo justo, la comida liofilizada nos aporta lo necesario sin exquisiteces. Nos movemos con soltura sobre bloques, escaladas infinitas, meandros desfondados con paredes afiladas que machacan nuestro cuerpo. Las rodillas y codos se hinchan después de largas gateras y posturas imposibles, manteniendo la inflamación como protección sobre las articulaciones. Como osos trepamos escarpadas rocas entre profundos abismos. El barro en la cara y las manos nos sirven de protección frente a la intensa humedad.


    
Mantenemos los biorritmos con estrictos horarios de comida y descanso muy necesarios, sin los que nuestra moral se vendría abajo. El cerebro calcula nuestra posición sobre una composición espacial de galerías y sectores superpuestos, manteniendo además el control de las emociones. Midiendo nuestros dominios aprendemos a amarlo, encontrando en cada rincón un espejismo de enorme belleza, con el que alimentamos nuestra motivación. 
La psiquis se afianza por el deseo de la exploración, del descubrimiento de nuevos mundos en los que convivimos en armonía.

Calculamos las posibilidades, según la morfología de las distintas capas geológicas, en las que leemos pasados de Eras remotas bajo un mar de antiguos moluscos. Las curvadas estalactitas marcando la dirección del aire durante cientos, miles de años, las blancas arenas cubriendo secas galerías que atestiguan el paso de antiguos ríos, zonas fósiles todas ellas. Muy distintas de los conductos epifreáticos llenos de lodos, húmedos y fríos, angostos y laberínticos. Olfateamos el rastro sin perder el camino como sabuesos, siguiendo las huellas de pequeñas marcas sobre el suelo concreccionado.
   
    Nuestro momento se acerca, el momento de subir y no lo vemos como algo especial, nos hemos adaptado a vivir en penumbras, estamos “asilvestrados”. Cargamos la saca, que nos acompaña siempre como una extensión más de nuestro cuerpo, pero nuestro movimiento es fluido, subiendo largos pozos con soltura, pasando angostos conductos, huyendo de desplomes asegurados.


Las incidencias se solventan rápidamente, pasando bajo cascadas de un goteo incesante, al que hacemos frente con humor. Y ya en la calle un día infernal nos espera, deshidratados y desnutridos corremos por la cortada ladera de una quebrada montaña. Entre peñascos y lapiaces y bajo una intensa granizada saltamos entre las rocas como lobos tras la presa, sin pensar en que llevamos 4 días inmersos en la tierra. Ese contacto que nos hace sentir vivos, que formamos parte de un pasado remoto, en el que el hombre no disponía nada más que de sí mismo para defenderse, nos embarga y emociona.

          La adaptación es evidente, mi animal está conmigo.

Josean





   


26 abril 2017

SIMA EL ARROYO                                                                                      13-IV-2017

Una mañana primaveral aparcamos, salteadamente (Pelos,Josean y yo),en la pista adyacente a las simas del Porracolina.

Andaba uno espeso, cuando un duendecillo me desperezó. Revisamos convenientemente el material y como operarias hormiguitas, lo cargamos hasta uno de los hormigueros en los que estamos faenando.
Me tomé con calma el descenso de pozos y estrechos meandros que van comunicando los mismos, por el camino vas apreciando la dura labor que han llevado estas comunicaciones. Mis avezados compañeros ya estaban operativos, cuando llegué a sus cuatrocientos metros.
La labor consistía en ampliar una fina diaclasa, su constante corriente de aire nos induce a tener que prestarla atención. Tras varias horas de aporreos y desplazamiento de piedras, accedemos a poder atisbar la continuación de ese tramo. Encontrándonos con una larga gatera encharcada, tan estrecha que se nos hace inviable continuar con nuestros medios.

Decidimos subir todos los bártulos unos cien metros más arriba, Pelos fue desinstalando. Ahí tenemos pendientes algunas incógnitas.
Se me hizo cansino el ascenso de lo descubierto en esta sima hasta ahora. Las exploraciones con grandes verticales no son precisamente de mi agrado, muchas horas colgadas de una cuerda. Es la constancia uno de los valores que nos hace conseguir nuestros fines. No la debemos olvidar.


Al salir podíamos presenciar, por encima de San Roque de Rio Miera, el humo resultante de la quema sistemática del monte. Acción a la que nos tienen acostumbrados algunos lugareños.


Manu.

https://www.youtube.com/watch?v=D717vYN1aw8&feature=youtu.be



05 abril 2017

1 de abril, vuelta al barro

Esa ventana ya está mirada…no siempre hay que fiarse de esas palabras. Y eso es lo que pudieron comprobar el otro sábado Manu y Josean.

Aunque siempre pasemos por el mismo camino una y otra vez hay cosas que se nos escapan, creemos que hay que avanzar metros y explorar lo más lejos posible de la entrada porque es donde habrá más incógnitas, pero no. En este caso la incógnita estaba a 15 minutos de la entrada de Sel del Haya. Así que me animé a continuar con los trabajos que dejaron a medias Manu y Josean hace unos días.

1 de Abril de 2017, hay que señalar bien esta fecha en el calendario porque es el día que volví a la espeleo! El día comenzó a las 8 de la mañana, al menos para mí, habíamos quedado a las 10 en los Abetos Manu, Pelos, Miguel, Nacho y yo. Como algo excepcional y único, Pelos y yo llegamos con media hora de antelación y tras reunirnos todos y después del 2º o 3º desayuno para algunos, nos dirigimos al local. Preparación de material, repartición y en marcha! A las 12 de la mañana, con más pachorra que entusiasmo, entramos por Sel del Haya…

Como bien nos dijeron Manu y Josean a los 15-20 min de la entrada y junto al camino encontramos la instalación que habían dejado nuestros compañeros. Tras buscar un paso más fácil y evitar la cuerda, llegamos al mismo punto por el que habían accedido ellos.

Nacho, Pelos y yo nos pusimos a topografiar ese nuevo camino mientras Miguel y Manu desinstalaban la cuerda que ya no hacía falta. Una vez reunidos con Miguel y Manu, subir un pozo de 10 y muuuuucho barro llegamos al pozo que había que instalar. De esta tarea se encargaron Nacho y Miguel (y menos mal…) y Manu, Pelos y yo fuimos a buscar el otro pozo que había que instalar.


A algunos ya se nos había olvidado la cantidad de barro de Udías, y otros están mal acostumbrados al poco barro del Porracolina, a lo bueno siempre se acostumbra uno!

Pelos instaló el Pozo para bajar unos pocos metros y darse cuenta de que conectaba un poco más allá con una galería ya explorada, había que topografiarlo pero se decidió dejarlo para otro momento y mirar cómo iban nuestros compañeros. Comimos y cuando subieron del pozo que estaban instalando Nacho y Miguel parecía que hubieran hecho una pelea en el barro…




Ese pozo conecta con un montón de galerías, cruzadas por una diaclasa en algún punto, algunas de ellas estrechas y cubiertas de barro, otras más grandes, pero todas ellas nuevas y que deben ser topografiadas. Según sus palabras: ahí hay trabajo para rato. Decidimos dejar el pozo instalado para volver otro día mentalizados de chupar barro y ponernos a explorar esa zona.


Desinstalamos el otro pozo que bajó Pelos y con la misma nos marchamos para afuera. Manu y Pelos se quedaron por el camino dejando una cuerda donde conectaría ese pozo ya desinstalado y mientras Nacho, Miguel y yo haciendo porra de la hora de salida nos marchamos, no sin antes recoger una gran cantidad de bolsas de basura que algún/a simpático/a visitante había dejado, regando así de basura el camino de la mina… hay que dejar algo muy claro: QUEREMOS LAS CUEVAS LIMPIAS Y QUE LOS VISITANTES O TURISTAS SEAN RESPETUOSOS CON ESTE MEDIO TAN FRÁGIL. Recogimos casi una docena de bolsas de basura del camino, cuya utilidad no teníamos clara… Esperemos que sea la última vez que veamos en esas condiciones la cueva. No queremos recoger la basura de nadie.




Una vez en la calle a Pelos y Manu se les ocurrió mirar una pequeña torca cerca de la entrada, de esas cosas que tienes tan a mano que nunca te paras a mirar, como la ventana que miramos hoy, por ejemplo. Y para las 21:00 ya nos encontrábamos en Bustablao, tomando esa ansiada cerveza y cenando como tan bien lo hacemos en ese pueblo que nos mima tanto.

I´ll back!   Jara